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4 cosas que perdemos cuando cierra un restaurante (+ despedida a Amapola restaurante)

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Aunque es fácil pensar que el restaurante en sí mismo es un espacio de simple lujo, la realidad es que se trata de un núcleo de socialización que es, como los cafés, un lugar de convergencia indispensable para entender la ciudad moderna y cada vez que cierra alguno hay una pérdida, acá te contamos una visión personal en que la que seguramene podrás reflejar tu experiencia

Los momentos. Pensamos en Il Padrino en Altamira y Marco Polo en El Rosal. En ambos celebramos graduaciones y cumpleaños, cierres de ciclos que todavía nos acompañan. Generalmente en Marco Polo pedíamos los ñoquis de yuca y la sopa de pescadores, en Il Padrino el lomito Wellington. ¿Hemos probado mejores versiones de ambos platos desde esos momentos? Sí, en el caso del Wellington incluso hecho en casa, con ese toque particular que tienen las recetas que uno logra reconstruir al cocinar pero la realidad es que esos momentos pasaron cuando pasaron, la expectativa de llegar, la certeza de pedir esos platos, anticiparse a las alternativas de postre, pensar si habría o no música en vivo, nada de eso puede volver.

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La atmósfera. Pensamos en Ara, el restaurante que sirvió de plataforma al chef Edgar Leal que se terminó convirtiendo en la semilla de Cacao en los Estados Unidos, Mohedano y Leal en su regreso a Caracas. Difícilmente, ni en esta ciudad ni en otro lugar, volverá ese ambiente sobre todo al final del almuerzo de los domingos: música de cámara en vivo y el té de jazmín con biscotti de almendras hacía que cada domingo pasado allí fuera especial, un paréntesis en medio de las rutinas con sus preocupaciones y sus monotonías. Se convirtió para nosotros en un estándar de lo que puede llegar a ser un restaurante y todavía no le hemos encontrado comparación.

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La sensación de pertenencia. Pensamos en el Racó, el restaurante que abrió Ángel Lozano tras dejar el Lar del Jabugo. Desde que ese restaurante abrió en El Rosal tratamos de ir todas las veces que pudimos, a pesar de que desde esa apertura incurrían en todo tipo de errores de servicio que incluyeron alguna vez convertir un arroz a la marinera en asopado porque en un afán por agradarnos una y otra vez añadían jerez y aceite de oliva sin preguntarnos o consultar entre ellos si ya previamente se habían añadido esos aderezos. Pero realmente formábamos parte de ese lugar, incluso con esos errores. Sabíamos lo que debíamos pedir, disfrutábamos los langostinos en gabardina o las empanadas con salsa romesco mientras esperábamos,podíamos calcular cuánto debíamos esperar para no terminar comiendo en la barra y todos nos conocíamos. Nos hace recordar la serie de televisión estadounidense Cheers y su tema principal: el lugar donde “todos saben tu nombre”.

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Descubrimientos gastronómicos. En menos de un año nos enteramos que Epice el restaurante del chef Alberto Landgraf en Sao Paulo había cerrado y que Attimo en la misma ciudad ya no tendría a Jefferson Rueda como chef. En ambos casos lo primero que lamentamos fueron los descubrimientos que tuvimos de mano de ambos chefs. En Epice siempre pensaremos en los corazones de pato con puré de zanahoria, esa delicadeza y concentración de sabor con ingredientes tan sencillos mientras que de Attimo esa exuberancia de la presentación de cortes de cerdo sólo posibles de la mano de un chef cuyo oficio anterior fue la charcutería. Esos descubrimientos no podremos reencontrarlos en esos mismos lugares.

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Etapas de vida. Una semana después de escribir esta nota recibimos un correo en el que se nos notificaba del cierre de Amapola, el restaurante de Los Palos Grandes y pensamos en lo que esa despedida significaba. En almuerzos en Amapola, entre sus croquetas de asado negro, su trío de arepas, sus sardinas crujientes con ensalada de lenteja, su polvorosa de pollo aparecieron muchas ideas y comenzaron vínculos con aliados y con amigos y amigas muy queridos, vínculos que se han fortalecido o han evolucionado pero siempre tendrán a Amapola como referencia de su origen. Entre copas de Erasmo, Predicador, Calicanto y Pago de Carraovejas planificamos nuevas degustaciones, nuevas formas de impulsar la cultura del vino. El strudel de cazón sobre espejo de salsa de ají dulce lo convertimos en uno de nuestros platos favoritos porque bastaba cambiar de vino para que nos revelara diferentes facetas de sus sabores, de la untuosidad de la masa, la sazón del guiso, el aroma del ají. Leer de su cierre y de las nuevas etapas y retos que enfrentan Mercedes Oropeza e Irina Pedroso hacen pensar que efectivamente tras este 15 de julio, cuando será el último servicio, también se cierra una etapa de nuestras vidas, no es el adiós a un compendio de momentos sino a una sucesión de ellos. Y aunque vale destacar que el restaurante seguirá abierto bajo otro nombre y concepto (aunque repiten algunos postres) pero con parte del personal de sala y su ambiente, todos sabemos que será otra etapa y seguramente apreciaremos los nuevos aires que trae la cifra del cambio y con el tiempo podremos apreciar todavía más esta etapa que termina.

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2 comentarios el “4 cosas que perdemos cuando cierra un restaurante (+ despedida a Amapola restaurante)

  1. Así es Jesús todos recordamos esos lugares que en nuestra infancia marcaron nuestra memoria gustativa, o ese sitio en el que conocíamos el menú de memoria pero siempre pedíamos el mismo plato, el favorito, ese que hacía especial el lugar- Cuando sabemos que ya no están, que cierran sus puertas sentimos que nuestro paladar no volverá a disfrutar de ese postre especial o la pasta con esa salsa de la casa.

  2. Absolutamente de acuerdo en todo lo que planteas en tus textos, recuerda que también tengo memoria gustativa y ambos agregamos el ambiente, esa sensación de estar con grandes expectativas de lo que vamos a degustar en un agradable sitio. Muchas veces he planteado ese tema. Te confieso que en la actualidad cuando voy a un restaurante no consigo la atmósfera que sentía en aquellos sitios de otrora época. Algo sucede y me pregunto: ¿seré que he vivido intensamente la vida y nada me emociona, será que estoy muy entrado en años (risas…) o lo que me ofrecen no me hace vibrar como me sucedía años atrás. Pero ojo, todavía hay sitios en Caracas que me causan gran expectativa y emoción. Los menciono: Alto, Via Cipro, Le Gourmet, Gaby y Tony, Chez Wong, Camineto y buen desayuno-brunch-semi almuerzo relajado un domingo en los hoteles como JW Marriott, Eurobuilding y Meliá Caracas. Nótese que no menciono el desayuno del hotel de La Castellana porque es muy acartonado. Pare usted de contar…

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