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7 breves notas en contra del rastacuerismo gastronómico venezolano


En esta nota compartimos la necesidad de disfrutar y presentar nuestra gastronomía tal cual es sin adornos que terminan por ser una simulación

Rastacuerismo y Venezuela. De acuerdo con Alexis Márquez Rodríguez: “para Ángel Rosenblat [rastacuero], es un venezolanismo del Francés. La expresión arrastracueros es muy vieja en Venezuela, y se usaba mucho antes de que al Francés entrara el rastaquouère, para llamar despectivamente a los que hacían ostentación de su riqueza, en una época en que esta casi siempre provenía de la actividad ganadera, especialmente del comercio y la exportación de cueros de res, que tenían muy altos precios. Estos típicos rastacueros solían viajar a Europa, sobre todo a París, donde alardeaban de su riqueza, que dilapidaban en francachelas y lujosos placeres. El más destacado de ellos fue Guzmán Blanco, famoso en la capital francesa por sus alardes de nuevo rico.” Para el DRAE rastacuero es vividor, advenedizo, persona inculta, adinerada y jactanciosa. Como dice una frase que se repite tantas veces en la actualidad: el que entendió, entendió.

El pabellón no necesita ser embellecido. Pensar en una belleza geométrica y armónica al estilo de la Antigua Grecia y, por lo tanto, pensar que el pabellón criollo requiere “orden”, es, a un tiempo, desconocer de estética, historia y gastronomía. La mejor presentación del pabellón es la suya.

Una arepa con caviar no es una mejor arepa. Hay quienes como curiosidad y otros con nostalgia recuerdan que se ofrecían arepas con caviar. La arepa no mejora por ese relleno ni el caviar se vuelve “nuestro”. Es un callejón sin salida.

Las sardinas no son “comida de pobre”. Seleccionamos estos tres productos por la obsesión que muchas veces se encuentra en ellos. Muchas personas se sorprendieron cuando el chef Carlos García incorporó a su menú una pasta con sardinas que si bien por técnica y presentación destacaba sobre preparaciones caseras, pareció validar para muchos este pescado.

El ron no es un “premio de consolación” para depauperados consumidores de whisky. Vivimos en una época dorada del ron y podemos en él disfrutar diversos estilos de elaboración, diferentes años de crianza en roble y rasgos diferenciadores según la región del país en la que se produce. Todo lo que puede desear un amante del buen beber. Tampoco tiene sentido halagar a un ron diciendo que “parece un brandy”. Hay mucho brandy del malo en el mundo.

Un espresso no es mejor que un guayoyo. Simplemente son dos métodos de extracción del café que hay que evaluar según sus propios méritos y técnica.

El cocuy bien elaborado no intoxica ni “provoca locura”. Tal vez el problema es que legalizado en tiempo reciente, el cocuy es un producto del que no es tan fácil conseguir buenos ejemplares mientras que los aguardientes de cocuy y los cortes con productos de la caña son más frecuentes. Pero tanto en Falcón (con la denominación de origen Cocuy Pecayero) con el estado Lara, hay productores de calidad. Generalizar para atacar el cocuy es también una forma de complejo.

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