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5 escenas de gastronomía y vinos al estilo Hollywood


Mientras esperamos por el regreso de los estrenos y las salas de cine, aquí enumeramos algunos de nuestros mejores recuerdos gastronómicos cinematográficos

Wall Street y su power lunch. Cuando Gordon Gekko y Bud Fox consuman el comienzo de sus negocios en conjunto lo hacen en medio de un exclusivo restaurante de Manhattan. Gekko no come pero deja el pedido para Fox: steak tartare. La buena mesa como símbolo de status difícilmente puede ser mejor representada.

Sideways y un descorche amargo Miles Raymond, el protagonista conocedor de vinos de la película de Alexander Payne, toma una decisión extrema tras enterarse que su ex esposa tendrá un hijo con su nueva pareja: descorchar su botella más preciada en las peores condiciones, un restaurante de comida rápida y servida en vasos de cartón. Una manera poderosa de ver a Miles tocando fondo pero a la vez cerrando ciclos.

The Founder y su cena reveladora Después de comenzar a saborear el éxito, que incluye un nuevo atractivo hacia las mujeres, Ray Kroc, el fundador del fenómeno de McDonald’s, llega después de uno de sus viajes a casa a cenar con su esposa. Todo es silencio excepto por la solicitud de que le alcancen la sal… y la revelación de que quiere el divorcio. De esas comidas familiares incómodas pero que son el único escenario posible para algunos desenlaces.

Too big to fail y el desayuno del apocalipsis financiero La tensión casi pasivo agresiva entre Hank Paulson y Ben Bernanke (Secretario del Tesoro y Director de la Reserva Federal encarnados por William Hurt y Paul Giamatti respectivamente) es casi escalofriante: mientras comparten la mesa arman un boceto de lo mucho peor que pudo haber sido la crisis de 2008 de no haber mediado los controvertidos recates a varios bancos, y hace resaltar la mesa como espacio para la discusión de temas complejos.

Notting Hill y el brownie de consolación Al final de la cena a la William Thacker lleva a su famosa acompañante, la actriz Anna Scott, queda un último trozo de brownie, y los amigos de Thacker tienen una tradición: todos cuentan sus tragedias personales y la peor historia gana el dulce. En medio de una comedia ligera, éste repaso de mínimos fracasos cotidianos (junto con algún trauma de mayor envergadura) nos recuerda que no todo es celebración en torno a la mesa aunque termine con una nota dulce.

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