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4 cosas que debes saber del vino de Burdeos


Un clásico que nunca pasa de moda, una referencia ineludible, el vino de Burdeos es parte de la cultura del buen beber y aquí te contamos algunos rasgos que lo hacen especial

Su fama no es gratuita. la base de la enología de los vinos modernos parte en Burdeos con técnicas como el despalillado de los racimos y la crianza en barricas de roble, de hecho, el estilo de los vinos se ha replicado hasta la saciedad y sus uvas tintas más características, la cabernet sauvignon, que en 2016 era la más plantada del mundo, y la merlot, se han exportado con éxito por todo el planeta vinícola. Además, hay que agregar la grandiosidad de sus propiedades vitícolas; su privilegiada ubicación cerca del mar, que suaviza el clima y facilita el comercio marítimo, o la legendaria capacidad de envejecimiento de sus mejores marcas, que las convierte en preciado objeto de inversión.

Fuerte tradición. La clasificación realizada para la Exposición Universal de París de 1855, que reflejaba la cotización de mercado de los châteaux más relevantes de la época, se ha mantenido casi inalterable hasta nuestros días, con la notable excepción del mítico Chateau Mouton Rothschild que pasó a Premier Cru por lo que su eslogan es: Premier je suis, Second je fus, Mouton ne change.

La geografía es un elemento interesante para entender la región. Burdeos se encuentra en el suroeste de Francia que se extiende a orillas de los ríos Garona y Dordoña y de su confluencia en el estuario de Gironda. La forma clásica de abordar la región más extensa de Francia es diferenciar entre sus dos orillas. La izquierda es la zona clásica de tintos del Médoc donde manda la cabernet sauvignon, mientras que en la derecha, con denominaciones como Saint-Émilion y Pomerol, domina la merlot. Con taninos más suaves, esta última uva resulta más inmediata en vinos de precio medio y puede considerarse la entrada amable a la región. Se complementa perfectamente con la cabernet, que tiene más estructura y una de las personalidades más reconocibles en la copa (mezcla de grosella y toques herbales que van desde la hojarasca en su región de origen hasta el laurel o el pimiento asado en climas más cálidos).

Todavía vale la pena como referencia. Los precios elevados, la entrada de nuevas regiones en el mercado de vinos de calidad y la moda de los noventa y primeros dos mil de hacer productos más concentrados han alejado a muchos consumidores de Burdeos. Aunque es evidente que la zona ha tenido y tiene sus excesos, sigue siendo sinónimo de equilibrio y elegancia, también de frescura y de vinos que necesitan cierto desarrollo en botella. Privarse de la complejidad de esa evolución es renunciar a uno de sus grandes atractivos. Lamentablemente, profesionales del vino y consumidores parecen estar más pendientes de Borgoña que de Burdeos. Es el contraste entre los vinos evocadores que salen de un abigarrado mosaico de parcelas y pequeños productores frente a la solemnidad y el carácter a menudo elitista de los châteaux bordeleses a los que siempre vale la pena volver.
(Con información de El País)

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