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Adiós a Luis Ginori

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Pequeño homenaje a este gran caballero del mundo del buen beber en Venezuela

Me gustaría contar la historia de cómo conocí a Don Luis Ginori pero realmente no lo recuerdo, así que voy a escribir ideas sueltas que básicamente tratan de describir la influencia que tuvo en mi vida.

Por ejemplo, recuerdo muy bien la última vez que conversé formalmente con él: lo entrevisté para Esnobgourmet Radio con motivo del día del Beaujolais nouveau, Fue una charla llena de nostalgia: Ginori, anfitrión de unas cuantas fiestas que celebraban la llegada a Caracas de esta curiosidad joven del viñedo francés, resentía que ya iban varios años sin poder importar el producto. Sin embargo, eso no le impidió ofrecer a nuestra audiencia un detallado recorrido por el significado de la región vecina de Borgoña que con la uva gamay ofrece bastante más que ese relumbrón de los noviembres.

Recuerdo muchas veces a Don Luis tanto en las fiestas de Beaujolais como en los lanzamientos de los calendarios de Campari; en los stands de las diferentes ferias y eventos de vino en Caracas en la primera década del siglo XXI; en una cata en Uva’s un local de breve vida en Altamira; en encuentros más cercanos para presentar novedades como la llegada de los vinos toscanos de Piccioni.

Escuchar hablar de vinos a Luis Ginori fue una de mis primeras referencias de cómo podía uno tratar de explicar la maravilla que produce esta bebida. Su manejo de una cata era magistral, un ejercicio de destreza en forma y fondo. Primero, estaba su voz, tanto el timbre como la intensidad, que recordaba a los locutores clásicos de la radio y le permitía establecer un cierto control sobre la audiencia, una distancia saludable que siempre me ha gustado mantener. Luego, ya con el vino en copa, no dejaba aspecto sin referir: datos de la bodega, de la zona de procedencia, de elaboración del vino y las características organolépticas; pero nunca como una lección sino como un contexto inevitable para disfrutar del vino.

Don Luis me enseñó lo que era un vino de meditación y cada vez que me encuentro con uno, lo recuerdo. En otra de sus catas, en ese sueño fugaz y hermoso que fue Vinosfera, conocí a quien se convertiría en una gran aliada de eventos gastronómicos, Verónica Nouel.

Pero el impacto real de Luis Ginori en mi vida se dio una tarde/noche en un restaurante de Las Mercedes. Una joven de un club de turismo y estilo de vida me insistió mucho que asistiera como invitado a una degustación. Yo tenía algo de gripe, estornudaba y tosía aunque sin demasiada intensidad pero el malestar general hacía más incómodo todo. La joven llamó un par de veces más durante el día y me confirmó que quien dirigiría la degustación sería Luis Ginori como un argumento más para asegurar mi presencia. Lo pensé hasta que la vía se bifurcaba entre el camino a la casa y el de Las Mercedes.
Decidí ir un rato. Llegué al restaurante y ya todo estaba dispuesto, se servían vinos de la bodega Miguel Torres Chile. Cuando terminaron los vinos que estaban pautados para la actividad, Ginori dijo que tenía una sorpresa. Sacó un decanter que contenía Manso de Velasco, el cabernet de viñedo centenario. Y justo antes de comenzar a hablar del vino dijo que la sorpresa era también que yo lo presentaría.

Yo había probado el vino por una botella que compré en Panamá y había grabado para Youtube una pequeña videoreseña que Ginori había visto y por esto le pareció que yo podía presentar el vino de cierre de la noche. Estaba nervioso, el malestar, la gripe y la tos desaparecieron como tras una terapia de shock. Lo cierto es que una vez que comencé me sentí totalmente cómodo y mientras hablaba y las personas me acompañaban mirando, oliendo y bebiendo de sus copas, pensé que dirigir degustaciones era una actividad que, como sugiere un ejercicio vocacional, podría hacer podía hacer una y otra vez, por puro placer, sin recibir ningún pago, porque me permitía no hablar de la parte más pesada y objetiva (viñedos, tiempo en barrica, añada) sino compartir mi entusiasmo e historias de los vinos.

Minutos después, mientras cenábamos, Don Luis me dijo que me veía en un futuro haciendo ese tipo de presentación. Fue una reafirmación que agradecí en silencio. En un movimiento brusco, alguien en la mesa derramó un poco de vino que cayó sobre las piernas de la joven que me invitó y que se había sentado a mi lado. Le extendí mi servilleta de tela, la ayudé a secarse. Esa joven resultó ser Iris Sánchez, con quien cofundé esnobgourmet.com y que fue una persona fundamental para los primeros años de este proyecto. Salí de esa velada con una clave acerca de mi futuro y una aliada que me apoyaría tremendamente.

No puedo recordar cuándo conocí por primera vez a Luis Ginori. Así que encuentro inútil querer forzarme a despedirlo. No puedo despedirlo. Cada vez que dirijo una degustación, cada vez que aparece un vino de meditación, cuando hay una botella de Campari o se acerca la fiesta de Beaujolais, y cuando pienso que está bien que me moleste un poco cuando alguien dice que un vino huele a sudor de hombre excitado u otras imágenes estrafalarias, ahí está Luis Ginori y siempre le dedico mi cariño, mi respeto y mi agradecimiento.

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