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¡Bendito maíz! ¡Bendito fororo!

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Nuestra consultora creativa Eloina Conde revisa un producto que muchas veces quien no lo conoce lo descarta o lo evita pero que muestra una cara diferente del maíz, ese cereal que en buena medida nos define como americanos
Siempre he pensado que no es bueno hacer comparaciones o generalizaciones cuando de personas se trata, si bien hay rasgos con los que podríamos todos ser ubicados en algún grupo en particular prefiero mantener distancia de aquellos a los que encasillar a los demás les parece un deporte divertido. Por otro lado creo fervientemente que cada mal tramo de vida, desgracia o experiencia desafortunada trae consigo no sólo una gran lección sino también alguna bendición que debemos aprender a decodificar, éste es uno de esos casos.

Durante y afortunadamente toda mi infancia, luego del divorcio de mis padres gané algo que hoy en día, más de 20 años después no tiene ni tendrá jamás precio, así como las cosas que son realmente importantes en la vida, gané una taza de fororo los domingos.

Mi abuela materna, la de la voz tranquilizadora, la de manos con dedos largos y fuertes que limpiaban cambures verdes sin ayuda de utensilio alguno, que guisaba como pocas y preparaba arepas perfectas girándolas en una mano y dándole forma con la otra como si de un tocadiscos se tratara, tenía una debilidad dulce, reconfortante y que compartía sólo con quienes demostraban que valían el gastar los preciados recursos y tendrían consideración verdadera por tan generoso gesto de amor: una taza de fororo recién hecho, calientito y reconfortante.

Una mañana cualquiera de domingo, tempranito, no podía ser si el reloj daba las 8am, a esa hora ya había mucha actividad en la casa y posiblemente visitantes no esperados y mucho menos deseados. Una película no muy buena en televisión nacional o radio local en frecuencia AM hacían el juego perfecto, luego del caluroso abrazo venía lo bueno, se veía en la olla la leche tibia espesando con cuidado junto con el azúcar, la canela y el fororo, esa harina de maíz tostada que tiene el olor a campo y añoranza de tiempos pasados tan particular, luego de unos minutos estaba listo, un vasito de peltre o uno tupperware de color marrón que aún sobreviven, una cucharilla pequeña y una silla grande, de metal con cuero para reposar, un gracias que sólo ella entendía, una sonrisa de vuelta que sólo yo entendía.

Y así transcurría la mañana de domingo, o quizás sólo unos minutos mientras duraba la bebida, o todo el día, no lo sé con exactitud pero así una mañana cualquiera con fororo se convirtió en un motivo para sonreír y agradecer la resiliencia, un momento atesorado y es que para que algo sea especial no necesita ser eterno sino en nuestra memoria, ¡bendito maíz! ¡bendito fororo!

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