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¿Cómo será la gastronomía venezolana en el futuro?

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A partir de va pregunta de Luis Carlos Díaz nuestro editor Jesús Nieves Montero ofrece una aproximación a esta inquietud

Desde el primer momento, incluso sin leer las respuestas, nos llamó la atención la pregunta de Luis Carlos Díaz ya que, a primera vista parece que apunta a una pregunta de respuestas complejas e inciertas e insinúa -como alguna gente pueda pensar- que hacemos bien en tenerla presente porque estamos en riesgo de “perder” la gastronomía.

Tras leer las respuestas confirmamos lo que pensamos desde un principio: la pregunta parte de un razonamiento erróneo, que sugiere que la coyuntura actual tendrá unas marcas visibles e irreversibles en nuestra gastronomía. Pero podemos hacer un ejercicio. ¿Qué hubiéramos respondido en plena Venezuela Saudita, cuando éramos uno de los principales consumidores de champagne si se nos hubiera consultado al respecto? Si seguimos el ejercicio de revisar las respuestas y adaptarlas a aquella otra coyuntura de la abundancia despilfarradora una buena respuesta hubiera sido: la gastronomía venezolana será un crisol de grandes productos del mundo unidos con la despensa local, es decir, comeríamos salmón con ají dulce, foie con conserva de plátano y seríamos felices para siempre. Incluso había elementos que hacía este escenario totalmente posible ya que nuestros principales chef se estaban formando como ayudantes de cocineros franceses que lideraban las cocinas de los principales restaurantes locales. ¿Es necesario entrar en detalles de que este no fue para nada el caso?

¿Qué hubiéramos respondido después del 27 de febrero de 1989 o del 4 de febrero de 1992? Habría alguno que diría, como ahora gusta tanto: ¡Venezuela no está para pensar en gastronomía! Seguramente a esas personas les sorprendería saber que que la primera edición del Salón Internacional de Gastronomía se realizó a finales del 2001, justo antes de las turbulencias que llevarían a abril de 2002.

Ha sido un camino de la obtención de las primeras denominaciones de origen, de la multiplicación de las academias de cocina, del descubrimiento o redescubrimiento de nuestra despensa y de un interés -más allá del tema de la diáspora- por varios platos venezolanos en el exterior.

Nadie puede negar el momento difícil que pasan muchos venezolanos, sus carencias no sólo por falta de recursos y pérdida del poder adquisitivo sino por el brutal desabastecimiento. Tampoco nadie puede negar el momento delicado que pasan los restaurantes, la comida como negocio. Pero: ¿son esos elementos cruciales para analizar el futuro de la gastronomía venezolana?

Para nada. Nuestra gastronomía seguirá reposando en nuestros productos, en nuestras recetas y en nuestros cocineros que, en tanto personas que encuentran un propósito en esa particular alquimia que es la cocina, se irán adaptando a los ciclos de la economía y con los recursos disponibles seguirán desarrollando su labor.

Y gente como nosotros y nosotros seguiremos llevando el registro porque aunque en algún momento se haga inviable la elaboración de la arepa en Venezuela, tendremos el deber de seguir hablando sobre este producto insignia y de nuestra hallaca y de nuestro ají. Y no es cerrar los ojos ante la coyuntura, es abrirlos, junto con el entendimiento, a esa seña de identidad que es nuestra gastronomía.

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