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¿Quieres ser barista o no?


Nuestra colaboradora Mariam Carvajal nos recuerda por qué la humildad forma también parte de las aptitudes que necesita un barista para desarrollarse en su profesión

Al salir de la cafetería donde aprendí a hacer café (era pasante) tenía solamente 5 meses de experiencia, me costó mucho conseguir trabajo como barista. No tenía el año de experiencia que pedían para trabajar en los lugares donde hacían las cosas bien pero me negaba rotundamente a trabajar en una panadería. Cuando inviertes lo poco que tienes en aprender bien, desperdiciarlo haciendo las cosas mal solo porque así se hacen en tal sitio es inaceptable.

Lo cierto es que me costó mucho conseguir y tengo historias de eso para contar por un buen rato, solo que me las reservo porque me gusta pensar que me hicieron un favor. Desde discriminación por ser mujer hasta que me hicieran esperar a que abrieran la cafetería y terminaran contratando a otra persona sin ni siquiera devolverme mis papeles.

Y en todo ese transcurso sufrí mucho porque amaba hacer café, estaba frustrada.

En ese tiempo de escasos aciertos dónde estaba llena de impotencia solo tenía a alguien que me decía que no me rindiera, que tenía que seguir intentándolo y haciendo café. Cuando ya no podía más y pensaba que tal vez era mejor buscar un trabajo de cualquier otra cosa, él me preguntaba: ¿Quieres ser barista o no? Yo sabía sin dudas la respuesta por lo que me secaba las lágrimas y seguía buscando. Era lo único que tenía en ese momento. Su apoyo moral y mi pasión por el café.

Seguí haciendo café. Ahí fue cuando desde mi casa empecé a explotar los recursos que tenía a la mano. La manga y la moka se volvieron mis mejores amigas, especialmente la manga. Busque las jarritas que tenía mi abuela guardadas y empecé.

De esa manera aunque no estaba en una cafetería seguía haciendo café con esa pasión y ganas como si estuviese en una máquina. Ahí, luego de muchas coladas es que sentí y aprendí la humildad en lo que a café respecta. Es por eso que para ser barista se necesita también humildad y hacerlo incluso en un método como la manga te hace sentir orgullo.

Una historia que recuerdo con mucho cariño es la de un doctor que llegó pidiendo un guayoyo y me lo devolvió porque estaba muy fuerte, entonces me dijo: Te voy a explicar cómo me gusta el café a mí. Era algo que se salía de toda regla pero así se lo preparaba todas las mañanas que entraba por esa puerta. Era puntual, entre 7 y 7:30 estaba llegando. Hasta que un día dice: Ni en mi casa me tratan tan bien. No tengo ni que pedir el café porque apenas llego ya me lo tienen listo. Me puse de todos los colores pero eso forma parte del café, hacer feliz a otros. Estuve poco tiempo en esa cafetería pero eso me quedó grabado hasta la médula.

No me miento: todavía mis manos están inquietas por no estar en una máquina pero hay otras maneras de llegar a las personas.

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