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4 reflexiones sobre el lado más oscuro de la comida


Andrés Ibáñez hace un repaso por libros y culturas para mostrar un lado poco analizado de la comida

El acto de comer como horror. ¿Qué es la Gran Exhibición de Atrocidades?, se pregunta J. G. Ballard en su libro del mismo título. La respuesta es sencilla: no es un museo insensato, es el cuerpo. El interior del cuerpo, aquello que más nos horroriza y que nunca desearíamos ver. Pero hay otra Gran Exhibición de Atrocidades quizá aún peor. Es la comida. Lo que entra en el cuerpo y se convierte en el cuerpo. El acto de masticar y de tragar, el horror de tener que matar para vivir.

La comida, lo temible y sagrado en un bocado. De acuerdo con Joseph Campbell, Freud se equivocaba cuando creía que la culpa original provenía de la muerte ritual del padre, que luego era devorado. No, los primitivos se sentían culpables por tener que matar osos, bisontes, ciervos, para alimentarse. Por eso los convertían en dioses, les pedían perdón, los transformaban en imágenes sagradas. La comida es sagrada, y da miedo. Nada da tanto asco ni miedo como la comida. Todos hemos sentido ese terror de que nos obliguen a comer algo detestable cuando éramos niños.

Libros sagrados y el lado oscuro de la comida. En el Evangelio de Tomás, leemos: «Jesús dijo: ‘dichoso el león que al ser ingerido por un hombre se hace hombre; abominable el hombre que se deja devorar por un león y este se hace hombre’». En el Prasna Upanishad se describe un universo depredador donde todo es comida. El sol es el comedor, la luna es comida. Para el Señor de las Criaturas, todo lo demás es comida. Gary Snyder habla en un poema de unos ciervos que «atrapan» a los hombres haciendo que les cacen y se los coman, se esconden dentro de los hombres y esperan. Cuando haya muchos ciervos dentro de los hombres, entonces, un día, los ciervos tomarán el poder. Lo tomarán «desde dentro».

Comida y culpa. Siempre es así: la comida es culpa, venganza, horror, decadencia, entropía. Hay que decirlo: hay una relación entre la culpa y la comida, entre la violencia y la comida. Negarlo es negar algo evidente. Sólo cambiando nuestra forma de comer cambiaremos el mundo. (Con información de ABC)

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