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3 cosas sobre el mundo del vino que aprendimos de Hernán Salazar

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Hoy, tras haber despertado con la triste noticia de su fallecimiento, decidimos rendir este pequeño tributo al importador de bodegas como Familia Zuccardi, Humberto Canale y Altavista

La historia de cada etiqueta hay que transmitirla. “A mí no me importa abrir en un evento cualquier botella, incluso las más caras”, me comentaba Hernán Salazar mientras negociaba con mi equipo del Salón Internacional de la Gastronomía 2011 la participación de Alta Cava, “pero yo no hago nada con un montón de gente a la que le sirvo el vino y ni saben lo que prueban, yo quiero poder conversar con ellos, aunque sea 5 minutos, que entiendan lo que están probando.” En una época en la que las ferias de vino eran relativamente frecuentes en Venezuela, el enfoque de Salazar marcaba una diferencia interesante y todavía hoy, cuando dirigimos degustaciones, lo recordamos y lo transmitimos a las personas con quienes compartimos las botellas.

Aunque no entiendas la innovación, asúmela. Si bien nunca lo conversé con él, estoy convencido de que cuando hace ya unos cuantos años Hernán Salazar aceptó trabajar con sus marcas una degustación vía twitter con el enólogo de su bodega representada en Venezuela Altavista en videoconferencia, lo hizo más por el empeño de Adriana Mesa y otro grupo de tuiteros y por la apertura de Wines of Argentina para apoyar la actividad que por un convencimiento total y un cálculo específico de los beneficios directos de la actividad. Sin embargo se encargó de proveer las botellas, de asegurarse que quienes participamos pudiéramos disfrutar la actividad y pudiéramos ser multiplicadores de lo que significaban sus vinos. En una época previa a los influenciadores a sueldo, Hernán Salazar desarrolló una actividad que en ese momento era bastante atípica.

No tengas clientes, patrocinados, proveedores sino aliados. Aunque colaboramos en varios proyectos, nunca tuve que hacer una antesala o someterme a una burocracia repelente cuando trabajé con Hernán Salazar, simplemente le planteaba las ideas, algunas de ellas en forma bastante esquemática y le agradezco primero que nunca salió de él una palabra de desánimo, al contrario, más allá de responder inmediatamente si iba o no a prestar el apoyo siempre me contagió su entusiasmo; además, hacía hasta lo imposible por buscar fórmulas para no decir que no, revisaba todo su portafolio para ver con cuál vino podía colaborar y siempre que lo necesitamos contamos con él. Al final, más que una relación comercial, siempre nos unió un vínculo de alianza y cooperación con el que es mucho más placentero trabajar.

Hoy celebramos su vida y su aporte para la gastronomía, hay gente que descubrió cómo se cata el aceite de oliva en Venezuela gracias a sus actividades en el SIG con los aceites de Zuccardi. ¡Salud, Hernán! (imagen vía De sucesos a sociales)

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