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4 razones para huir de un restaurante y no volver

4 razones para huir de un restaurante y no volver

Lamentablemente estamos convencidos de que hay muchas más, pero aquí te mencionamos cuatro situaciones clásicas que no sólo arruinan la experiencia de comer en un restaurante sino que terminan por convencernos de que ése es un lugar que no debemos repetir nunca

No. 1 El mesonero impaciente. Se trata de aquel que apenas ha repartido los menús pretende recitar los especiales y, de ser posible, tomar el pedido de una vez. Repite de forma incesante las virtudes de algunos platos con el objetivo de apresurar las decisiones y cada vez que se retira de la mesa apenas si se respira la pequeña tregua del acoso. Es capaz de exteriorizar su descontento con muecas o hasta golpeando fuertemente su zapato contra el piso. Simplemente quita las ganas de comer.

No. 2 El personal indiferente. Se llega al restaurante, está vacío o con poca ocupación y pese a que hay personal de sala desocupado nadie es capaz de acercarse. Uno, primero con cierta cautela y hasta pena como de quien se mueve en casa ajena, toma una mesa y espera, tratando de lanzar miradas que sean decodificadas por algunos de los mesoneros. En este punto hay dos caminos: o la indiferencia es tal que hay que escalar la llamada de atención a un grito para lograr que alguien se acerque o efectivamente con la mirada alguien se acerca pero sólo para saludar pues la orden de bebidas, los menús y la orden de comida será un proceso que puede llevar horas. Casi ningún local justifica este trato, de hecho, casi sin excepciones, un personal de salón así es la punta del iceberg del desastre de la cocina.

No. 3 El mesonero desinformado. Cada vez que se le consulta acerca de algún plato de la carta este personaje debe consultar con uno o varios de sus compañeros para poder dar respuesta. En ocasiones hasta pide ir a la cocina para informarse mejor. No augura nada bueno una comida que comience así.

No. 4 El personal descortés por motivos “esotéricos”. Una buena amiga nos comentó una experiencia que no podía quedar fuera de esta lista y pueden leer completa acá. En resumen, tras una larga espera y el consabido reclamo nuestra amiga fue conminada a salir del local para que no dañara “con su mala vibra” el “aura” del establecimiento. Realmente no existe religión, creencia o práctica de Nueva Era que justifique un trato así, simplemente es un caso más para salir espantado del local.

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