Deja un comentario

6 confesiones del maravilloso encanto de los hoteles

6 confesiones del maravilloso encanto de los hoteles

Una colaboradora bajo el seudónimo Susie Crane compartió para CNN esta lista que te confirman por qué es un placer visitar un hotel

No. 1. Son un perfecto escenario para un sexo salvaje. El sexo necesita superficies y si en tu pareja nunca cambia, la ubicación puede agregar la variedad que ansías. En una ocasión en el Ring Hotel de Viena nos dieron una magnífica suite con una mesa enorme a la que vimos con lujuria. Si estuviéramos en casa, tales aventuras nunca hubieran sucedido: ¿desnudos sobre la mesa en la que cenamos el Día de Gracias? En un hotel todo está permitido. En una ocasión, mientras nos registrábamos en el Shutters (Persianas) en Santa Mónica, un famoso actor de Hollywood se estaba registrando junto a nosotros con dos mujeres. Desde entonces, lo hemos apodado “Slutters (Prostitutas)”. Todos los hoteles tienen un halo de misterio. Como las mejores relaciones sexuales, son lugares exóticos incapaces de ser poseídos. No es raro que sean populares para las relaciones y aventuras clandestinas. Solo trata de no pensar en todas las personas que también las han tenido.

No. 2. Aseguran un sueño perfecto. Fuera de los hoteles soy muy inquieta para dormir; solo en los hoteles puedo olvidarme de todo. Las cortinas se cierran y hay un negro absoluto. Hay sábanas limpias y recién planchadas. Las habitaciones son silenciosas; las paredes son sólidas; el mundo es distante. En las camas de hotel el sueño es más profundo; son palacios construidos para una noche de sueño perfecto.

No. 3. No hay mejor lugar para despertarse. Aun mejor que dormir en un hotel es despertarse en uno. Mi favorito es el Beau Rivage en Ginebra. Tiene un control remoto al lado de la cama que abre las persianas, por lo que uno puede estar recostado en la cama observando la lenta revelación de una soleada mañana suiza con vista al Lago Ginebra. Los hoteles están construidos teniendo en mente la ubicación y siempre, algunas pocas habitaciones tienen vistas envidiables. Prefiero llegar a los hoteles a media noche, de esa manera, al abrir las cortinas en la mañana, se expone una ciudad centellante completamente nueva ante mí, con nuevas aventuras esperándome.

No. 4. Siempre hay dignos desayunos. Para mí, el lujo más salvaje es llamar para que me traigan el desayuno. “Piña cortada y un latte doble, por favor”. Es un ritual sorprendentemente fácil de mantener. Los desayunos en los hoteles son sublimemente elegantes, llegan en charolas de plata y vajilla de porcelana, mantelería blanca y planchada, una rosa en un florero de cristal. Puede haber una guarnición de flores comestibles en tu piña o florituras en la espuma del latte.

5. Tienen ese espacio perfecto que es su ‘lobby’. Mi lugar preferido para trabajar (es decir, escribir novelas) es el lobby de un hotel de lujo. Soy más productiva al estar rodeada de ese bullicio. Los lobbies de los hoteles están llenos de gente extraña y exótica. Como una persona que conoció a su esposo en tales circunstancias, puedo atestiguar el poder para cambiar una vida que esos lugares tienen. Nunca sabrás cuándo un hombre apuesto te enviará una bebida que posiblemente cambiará todo.

No. 6. Permiten conocer la armonía doméstica. Mi esposo y yo tenemos una rutina doméstica en los hoteles. El va a trabajar; yo desayuno en cama y después trabajo en el lobby. Por la tarde, corro por la ciudad mientras asean mi habitación. No hay nada como llegar a casa en una habitación de hotel perfectamente limpio: un placer para un esposo de la década de los años 50, junto con el valor agregado de no ser una esposa de la década de los años 50. La noche en la que no tienes nada que hacer yace frente a ti. Mi esposo escucha música clásica y lee. Yo me siento en su regazo y hablamos de nuestro día. Pronto, nos vestimos para ir a cenar. Ahora todos los hoteles tienen buenos restaurantes. Hay pocas cosas mejores que bajar a disfrutar de una fantástica cena con botellas de vino tinto, para después volver a subir como dos marineros ebrios. Repetimos esta rutina en ciudades nuevas, hoteles nuevos sin que alguna vez se pierda su encanto. Es la más banal de las rutinas, pero nunca aburre. Los hoteles tienen una cualidad doméstica total; son hogares para habitar y después dejarlos. Todos tienen los placeres de lo doméstico y ninguna de sus cargas y con esto, me hacen sentir libre y en casa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: