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10 notas de buen comer para Manuel

10 notas de buen comer para Manuel

Inspirado en libros como Ética y Política para Amador de Fernando Savater, nuestro editor Jesús Nieves Montero comparte diez recomendaciones con las que trata de enseñar a su niño de cuatro años y medio el arte de disfrutar la comida

No. 1 Naciste rodeado generalmente del sabor dulce y el salado. No hay momento mejor que ahora mismo para que pruebes, según tus gustos y de a poco, los ácidos, amargos y picantes y las combinaciones que de estos pueden derivarse.

No. 2 No pienses en la comida sólo como alimentación. Ya pasaron los días cuando llorabas porque sentías el vacío en el estómago y buscabas llenarlo, saciarlo y seguir durmiendo. Ahora puedes encontrar otras cosas en la comida, pensar en los sabores, relacionarlos, tener expectativa sobre el posible sabor de lo que te sirven y, sobre todo, convencerte de que se trata de una forma de jugar con tu imaginación.

No. 3 Nunca te dejes prejuiciar por la apariencia de un plato. Si no te gusta su aspecto cierra los ojos e imagina otra cosa. Si al probarlo encuentras que realmente no te gusta, no importa, ya vendrán otros momento de degustarlo y hacer tu juicio definitivo.

No. 4 No te apures en tener platos “favoritos”. Eres muy pequeño. La mayoría de tus favoritos de verdad los probarás en el futuro. Toma mi palabra por cierta: hay muchos de mis favoritos que los descubrí apenas hace un par de años. Así que prueba, prueba y prueba y disfruta la diversidad. ¿Puedes repetir algo? Por supuesto. Pero mantén abiertas las opciones.

No. 5 No dejes que te impongamos prejuicios alimenticios. No dejes que nadie te diga “eso no te va a gustar”: Nosotros no sabemos, sólo tú podrás decir si te gusta o no.

No. 6 Participa en la comida. Estás comenzando la vida pero igual debes tratar de mirar y participar en los preparativos de la mesa. Estás pequeño. El fuego y el cuchillo todavía te son prohibidos. Pero puedes mirar. Ayudar a aderezar con aceite una ensalada. Batir una mezcla de pan de cambur como lo hemos hecho. Llevar los cubiertos a la mesa. Todo forma parte de este ritual que luego compartirás con tus hijos.

No. 7 Come con entusiasmo. Trata de abstraerte de cualquier cosa que te preocupe, deja de lado tus juguetes, tus videojuegos y dedícate a comer. Presta atención y no te preocupes por cosas tontas como si algo se cae del plato o se te mancha un poco la camisa. Prometo limpiar y no regañarte. Entonces, no dejes que nada de eso debe interferir con tu entusiasmo.

No. 8 Involucra todos tus sentidos. Cuando ya esté todo servido, regálate unos segundos para mirar la comida, sus colores, si tiene algún tipo de adorno. Huélela y piensa si ya has sentido antes esos aromas o si es la primera vez, y prueba el primer bocado con calma, sintiendo el sabor y la textura, la temperatura, y cuando lo termines, si te apetece, comenta algo, todos estamos emocionados porque vas creciendo y ya comes “como grande”.

No. 9 Crea recuerdos para mañana. La comida, cuando la hacemos bien y nos sentamos varios a la mesa, es un pequeño ritual y, aunque te cueste entenderlo ahora, la vida de nosotros los humanos está llena de esos pequeños rituales. A medida que pase el tiempo verás que podrás revivir estos momentos al repetir el ritual.

No. 10 Pregúntate a qué sabe tu familia, tu ciudad, tu país.  ¿Qué comían tus abuelos cuando tenían tu edad? ¿Que comía yo? ¿Qué se come en Venezuela? ¿Por qué? Esas preguntas debes hacértelas. Te sorprenderá que muchas de las cosas que comíamos ya no se pueden conseguir porque no hay quien las haga exactamente igual o, simplemente, son recetas complicadas que nadie hace. Son recetas que hacía tu bisabuela que no llegaste a conocer o una señora muy mayor en un tráiler en los Altos Mirandinos que también murió hace ya muchos años. Vas a darte cuenta que aunque vives rodeado de pan en Venezuela no se produce trigo. Que hay muchos tipos de arepas. Que el maíz se encuentra en muchas preparaciones. Que aunque hay países que ni los conocen, aquí vas a encontrar varios tipos de mango. Que de repente cuando alguno de nosotros te cuenta qué comía invariablemente debe acompañarlo de una historia que explique cuál era el placer que le daba esa comida. Y te vas a dar cuenta que la comida es importante, que vale la pena pensar sobre la comida, que hay un poquito de vida en cada bocado.

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