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William Burroughs y sus aventuras en la Panamá oscura

William Burroughs y sus aventuras en la Panamá oscura

El escritor Darién Montañez relata la visita del autor de The naked lunch al istmo

Como todos los buenos proyectos de investigación, esta empezó inocentemente. Así como quien no quiere la cosa, el fotógrafo José Manuel Castrellón me preguntó que si sabía que Burroughs había estado en Panamá. ¿Cuál Burroughs? ¿William Seward? ¿Y cuál Panamá? ¿Ciudad de?

Sí señores, hay que hacer esta adición a la lista de celebridades que ha pasado por esta patria tendida sobre un Istmo, ojalá entre Gaugin en Taboga y El Che en David. Si creemos lo que dice en su libro Cartas del yagé, Burroughs estuvo hospedado en el Hotel Colón en Santa Ana en enero de 1953, camino a Suramérica en busca de la mítica Ayahuasca, y aprovechó para sacarse las almorranas y regodearse en nuestro ya entonces famoso bajo mundo.

Como hablamos de Burroughs, la carta en cuestión está cargada de cosas que no me atrevo a repetir en un medio respetable como este, pero espero que estas citas los tienten a buscar el texto íntegro, ojalá en el extra-sucio inglés original:

Antes, Panamá era una ciudad ‘paregórica’. En cualquier farmacia se podían comprar cuatro onzas. Ahora los boticarios no quieren saber nada y la Cámara de Diputados estuvo a punto de dictar una ley especial.

Fui al hospital enfermo por el opio y pasé cuatro días allí. No me daban sino tres inyecciones de morfina y no podía dormir a causa del dolor, el calor y la falta de opio.

Después que me dieron de alta en el hospital, pasé por la Embajada. Frente a ella hay un terreno baldío con árboles y maleza donde los muchachos se desvisten para nadar en las aguas sucias. Olor a excrementos, agua de mar y lujuria de jóvenes. No había carta alguna. Hice otro alto en el camino para comprar dos onzas de paregórico (elixir hecho de la mezcla de opio y alcohol). El mismo Panamá de siempre. Putas, putos y rufianes.

Yo tenía un artículo que hablaba de una taberna, en las afueras de la ciudad de Panamá, llamada ‘Blue Goose.’ ‘Es éste un local donde todo puede ocurrir. Los vendedores de drogas están al acecho en el baño de hombres con una hipodérmica cargada y lista para clavarla. Hay veces que surgen de alguno de los retretes y se la clavan a uno en el brazo sin esperar a que diga algo.’

El ‘Blue Goose’ tiene el aspecto de una de esas tabernas de los caminos en la época de la prohibición. Un edificio bajo y largo, venido a menos y cubierto de enredaderas. Se oía croar las ranas en el bosque y en los pantanos que lo rodeaban. Afuera había unos pocos coches y adentro una débil luz azulada. Inmediatamente, dos putas viejas se sentaron a mi mesa sin ser invitadas y pidieron bebidas.

La ronda costaba seis dólares con noventa. La única cosa que acechaba en el baño de hombres era el encargado de los lavatorios, insolente y pedigüeño.

Me encontré por casualidad con mi viejo amigo Jones, el chofer de taxi, y le compré un poco de C, que estaba lindamente falsificada. Casi me ahogué tratando de aspirar lo bastante de esa porquería como para levantarme. Eso es Panamá. No me sorprendería nada que adulterasen a las putas con esponjas de goma…

Al ajustar el monto de seis con noventa que le cobraron a Burroughs, con la inflación de estos 59 años —748.9%, según el US Inflation Calculator— el precio de esa ronda de tragos equivale a $58.57 dólares norteamericanos de 2012. Bill, te acompañamos en el sentimiento. Aunque seguramente la situación no es muy distinta en nuestros establecimientos similares del Panamá de hoy. De nuevo, en este país el tiempo pasa pero nada cambia.

EN BUSCA DEL ‘GANSO AZUL’

Todos sabemos dónde está el Hotel Colón y el Hospital Santo Tomás, pero la identidad de la taberna ‘Blue Goose’ había permanecido envuelta en una bruma de misterio… Hasta ahora.

Hace un par de meses vi por casualidad una foto en sepia de un edificio bajo y largo venido a menos con un letrero bilingüe: Cabaret Gruta Azul, Blue Grotto Road House. ¿Será esta? ¿Habrá Burroughs leído mal el letrero, transformando ’Blue Grotto’ en ‘Blue Goose’? Las palabras Grotto y Goose se parecen lo suficiente para confundir a cualquier junkie. ¿O habrá sido un problema de transcripción/interpretación? La caligrafía de Burroughs era terrible, y todavía da de comer y pone a especular a sus editores.

Resistiendo la tentación de armar una expedición a buscar hipodérmicas en el baño de hombres, pedí ayuda a mis redes sociales y ¡eureka! Mi asistente investigativo honorario @betobasura llamó mi atención a una conversación en SOCNET, The Special Operations Community Network, donde la comunidad de veteranos de las fuerzas armadas norteamericanas reseñan sitios que un turista no debe perderse en Panamá. Entre ellos… La Gruta Azul (‘The Goose’).

Dado que el área de Río Abajo ha permanecido casi inalterada por los cambios en la ciudad de Panamá, ‘The Goose’ parece ser un simple seudónimo (o eufemismo) gringo para ‘La Gruta Azul’.

UN PUTERO DE LUJO

Por andar embebido guguleando ‘blue grotto+panama’ olvidé completamente gugulear ‘blue goose+panama’. Así encontré el siguiente extracto de un diario de viaje:

Nos dijo cuál era el distrito en el que vivía y nos preguntó si alguna vez habíamos escuchado del ‘Ganso Azul’. Le dije que no lo habíamos escuchado. Expuso que se trataba de una casa de mala reputación en la que era posible comprar mujeres, y que vivía cerca de ella. Le pregunté si nos podía dar direcciones y si alguna vez había escuchado hablar del ‘Ganso Azul’. Me corrigió contándome que se trataba de la ‘Gruta Azul’, y que no era un lugar seguro. Me advirtió que Río Abajo no era un lugar que debíamos visitar.

Asimismo, es posible encontrar poemas vanguardistas que hagan referencia a este célebre antro:

‘El mejor putero de todo Panamá, tal vez de todo el maldito mundo’, afirma el conductor de taxi mientras se limpia el sudor de la piel morena de su cuello. Nos estacionamos en el enorme lote de estacionamientos del ‘Ganso Azul’, el cual se asemeja a un gran hangar azul para aviones. Le pagamos al chofer. Entramos al local, que es más grande que una tienda de Oktoberfest, adornado con paredes de bambú y un techo de paja de palmeras y redes de pesca suspendidas de las vigas del techo, llenas de conchas, peces espada disecados, flotadores de pesca de vidrio. Sentadas a lo largo de la barra del bar están varias mujeres de una belleza poco común y alucinante. Watkins, J.J. y yo nos sentamos en la mesa y pronto se nos unen tres mujeres, una de las cuales es, sin duda alguna, una de las más hermosas que he visto en mi vida. Bebemos tragos y contamos chistes. Y la tarde se desliza confortablemente hacia una noche alcoholizada…

Cuando Gloria me invita a que la siga hasta su habitación con el pretexto de enseñarme algunas fotos de su álbum… Yo accedo a ir de todas formas, curioso de ver cómo son en verdad las habitaciones. Muy para mi sorpresa no son tan lúgubres como me esperaba. Es más, se podría decir que es hasta acogedora y algo cursi. El cuarto de Gloria está lleno de animales de peluche, luces de colores, alfombras moñudas, almohadas, y una lámpara de ‘lava’ ubicada al lado de una cama de agua tamaño king-size… Y que tal vez el taxista estaba en lo cierto cuando dijo que éste era el mejor putero de todo Panamá. (vía La Estrella de Panamá)

3 comentarios el “William Burroughs y sus aventuras en la Panamá oscura

  1. […] Uno de los textos emblemáticos de la generación beatnik […]

  2. […] en el cine en 1972, con la película Niet voor de poesen, del director Fons Rademakers. En 1973, con su insipiente popularidad, participó en el concurso Miss TV Europa, el cual […]

  3. […] cuento de este escritor panameño incluido en la antología El futuro no es nuestro. Narradores de Latinoamérica. Conocí a […]

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