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8 cosas que no sabías sobre tu sentido del gusto

8 cosas que no sabías sobre tu sentido del gusto

Descubre estas curiosidades para que conozcas mejor el percibir los sabores

No. 1 El gusto es una forma evolucionada de asegurarnos una dieta variada. Necesitamos ciertos nutrientes para sobrevivir. “Tienen que existir formas de guiarnos que garanticen que obtenemos la cantidad suficiente de estos macro y micro nutrientes”, asegura Per Moller, editor de la revista especializada Flavour. “la propia naturaleza nos resuelve ese problema al dotarnos con la capacidad de distinguir sabores en los alimentos”.

No. 2 Los diferentes macro nutrientes tienden a tener sabores diferentes. El pan, las patatas y la pasta son más similares entre sí que las carnes. “Si come patatas, después de haber probado unos 200 gramos ya no las desea tanto como cuando las empezó a comer”, dice Moller, “de modo que ha sufrido un declive en la apetencia de lo que ya ha comido, pero sin disminuir la de ingerir otro tipo de alimentos”. Por suerte, no necesitamos una licenciatura en ciencias nutricionales para conseguir una dieta equilibrada”, bromea Moller.

No. 3 El sabor no lo sentimos solo con la lengua. Los cinco sentidos, sabor, olor, tacto, vista, sonido, además de la temperatura, el componente irritante experimentado al comer determinados alimentos como una guindilla o un rábano picante y los estímulos que surgen del interior de nuestro cuerpo, participan todos ellos, en conjunto, en la creación de una sensación más amplia en nuestros cerebros, a la que llamamos gusto.

No. 4 El color afecta al modo en que percibimos el sabor. Los vinos tintos se describen generalmente en términos de objetos de color rojo o negro y los vinos blancos en términos de objetos ligeros o amarillos. El periodista especializado Terry Kirby describía un determinado vino blanco como una degustación de “paja, nueces y miel” y otro, tinto, como “especias, chocolate oscuro y frutas negras”. Si esos vinos se hubieran decantado a recipientes opacos, Kirby probablemente los hubiera definido en otros términos. Por otro lado, investigadores de la Escuela de Enología en la Universidad de Burdeos han descubierto que cuando los estudiantes se enfrentan a un vino blanco teñido de rojo con un aditivo neutro y se les pide describirlo, tienden a usar adjetivos normalmente reservados para los vinos tintos.

No. 5 El modo en que se describen los alimentos puede afectar a su sabor. Las barritas energéticas de escaso o ningún sabor son percibidas como más sabrosas cuando se las describe como proteína de soja, yogur y helado que cuando se habla de ellas en términos de “altas o bajas en grasas”.

No. 6 No existe el llamado ‘mapa de la lengua’. La lengua humana no tiene zonas diferenciadas para distinguir los sabores. El llamado “mapa de la lengua”, visto a menudo en los libros de texto de primaria, se basa en una dudosa investigación publicada en 1901 por el científico alemán DP Hanig. A pesar de que la ciencia la desmintió en 1974, algunos fabricantes de copas para vino todavía siguen haciendo falsas afirmaciones respecto a que la forma de la copa dirigirá el vino a una parte específica de la lengua. Las papilas gustativas tienen de 50 a 100 receptores para cada gusto, incluyendo el umami (el sabor del glutamato).

No. 7 Algunas personas disponen de más papilas gustativas que otros.
Les llaman ‘super-tasters’ (super probadores). Eso no significa sean expertos o ‘connoisseurs’, sino que son mucho más sensibles al gusto amargo que el resto de las personas. ¿Odia el sabor de las coles de Bruselas? Entonces puede que sea usted un super-taster.

No. 8 Nuestro gusto para los sabores se desarrolla antes del nacimiento. Un estudio reciente observó a 24 mujeres embarazadas, divididas en dos grupos. Uno de los grupos recibió una dieta que contenía anís y el otro recibió una dieta sin éste componente. Poco después de que los bebés nacieran, les mostraron un algodón empapado en anís. Los recién nacidos cuyas madres habían consumido anís durante el embarazo, no mostraron ninguna aversión hacia él, mientras que aquellos cuyas madres no habían tomado anís, mostraban una fuerte hostilidad por el aroma. (vía Diario de gastronomía)

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